Ayer hubo un apagón en toda la zona del Valle de Monterey y estuvimos sin luz desde las siete de la mañana hasta las once de la noche.
Hacía siglos que no veía uno tan largo, y parece ser que aquí también, porque todos decían que nunca habían vivido un apagón tan largo, que cuando los hay duran como mucho una hora.
Es sorprendente cuánto se depende aquí de la electricidad, ¡no pude ni hacerme un té! Me permitió aprovechar para casi casi terminar, a falta de montarlo, un vestido de punto que me estoy haciendo, pero aún así, la sensación de desconexión me resultó apabullante. No sólo porque al estar lejos dependo de la conexión de internet para comunicarme con familia y amigos (aunque éso también pasa cuando estás más cerca, la vida que llevamos) sino porque te das cuenta de lo mucho que dependes de un suministro cuyo control está totalmente fuera de tu alcance.
Ya estaba concienciada de ahorrar energía, tanto por economía (parece un artículo de lujo) como por ecología, pero ahora además voy a prestar más atención a esa dependencia. No digo que haya que vivir como en la Edad Media, pero sí hacer un uso responsable de los recursos. Así que, otra propósito que me hago.